viernes, 30 de septiembre de 2011

Atardecer#

    Es poco usual encontrarnos acá, sentados en el living mirando una película, merendando tranquilos, casi nunca podemos tomarnos un tiempo, estamos siempre atareados con el trabajo y el estudio, esto hace que no tengamos ni siquiera un mínimo descanso, vivimos a las corridas.
    Esto de trabajar todo el día hasta tarde me cansa, no sé a vos, Sol, pero a mí me desgasta demasiado. Igual, a vos te debe cansar también la facu, estás todo el día estudiando, llegas y lo primero que querés hacer es dormir. Mantenemos el departamento, estamos trabajando para esto, no salimos, no vamos de vacaciones siquiera, hace más de un año que estamos acá y no hacemos nada por cambiar.
    ¿Hace cuánto no vamos a tomar algo? ¿Hace cuánto no salimos con amigos? Estamos acá siempre, atrapados, las paredes se nos vienen encima, ¿y qué hacemos por remediarlo? Nada. Ni charlamos sobre el tema, ya no me decís lo que pensás siquiera, sólo me mirás y nada más. Sé que es complicado, ambos lo supimos desde el día que dijimos de ir a vivir juntos, pero la verdad es que esto es demasiado para ambos, no sé qué pensarás vos, pero podríamos empezar a salir un poco, aunque sea a tomar algo.
    Amor, ¡mirá la hora!, se te va a hacer tarde para la facu, encima hoy salís tarde, un viernes a las once de la noche, no sé cómo aguantas hasta esa hora, más el viaje.  Amor, ¿no te jode que hoy no vaya a buscarte, no? La verdad es que quiero descansar un poco, así podemos aprovechar mañana para salir a la tarde, ir a sacar fotos o algo así, pero bueno, lo hablamos cuando vuelvas si querés, o te llamo mientras viajas o en el recreo, como vos quieras, ¿sí?
    Bueno, ahora que estoy solo, debería limpiar un poco así queda todo ordenado para el finde. La verdad es que no sé cómo hacemos para desorganizar todo si casi no estamos acá. Ahora me toca cocinar, lavar los platos, guardar la comida para Sol, dejar la mesa preparada así sólo calienta la cena y se acuesta, va a llegar tan cansada. Mejor miro un poco la tele, por ahí hay algo interesante. Bueno, me equivoqué, no hay nada, va a ser una buena idea acostarme y descansar, ya le dije que iba a dormir, le mandé un mensaje y no respondió, debe ser complicada la clase de hoy, si, mejor voy a dormir, cuando llegue me despertará así la acompaño mientras cena.
    ¿Qué hora es? ¿Las tres? ¿Amor? ¿Sol? Qué raro, ¿le habrá pasado algo? Mejor la llamo. ¿El contestador? ¿Se habrá quedado sin batería? Pero si hoy dejó cargando el celular. Le mando un mensaje por las dudas, por ahí no escuchó el cel.
    Otro mensaje más, no era una buena idea, no sé por qué no le avisé que estoy acá con las chicas, después de todo, él quería que saliera con amigas, que me distraiga, tengo que avisarle, se va a preocupar.
¿Hola? ¿Sol? ¿Dónde estás? ¿Estás bien? ¿Y esa música? ¿En qué andás?
    No puedo, es peor que mentir, dejo el celular apagado, espero que no se enoje, que no piense nada malo. Aunque si ya escuchó la música seguro se imagina que puedo estar haciendo cualquier cosa.
    ¿Me está metiendo los cuernos? Dale, seguí bailando. ¿Por qué me llama y corta? ¡Dejá ese celular! ¿Por qué mierda no me aviso? Tomá otro tequila. ¡Me toma por pelotudo después de todo lo que hago por ella! Boluda, dale, ¡bailá! Trata de dormir, cuando venga… cuando venga vamos a cerrar el tema.  
    Tan enojado va a estar Luciano, no sé qué le voy a decir, no quiero despertarlo, tengo que entrar en silencio. ¡Uh, las llaves! ¿Cuál es la de casa?
¿Amor? ¿Lu? ¿Estás despierto?
    Perdóname por no avisar, salí de la facu con las chicas, hace mucho no salíamos, era el cumple de Juli, sé que hice mal en no avisarte, te preocupaste, te quedaste acá preparando la cena y no fui capaz de llamarte siquiera, espero que no estés enojado, amor.
¿Puedo abrazarte? No sé cómo pedirte disculpas siquiera, me siento muy mal por lo que hice, no sé, si querés que cocine, lo hago; si querés que limpie, lo voy a hacer, sólo pedíme lo que quieras.
 Sol, vení, quedate tranquila, acostate.
    Sos tan lindo. Pensé que te ibas a enojar o algo parecido. Me encanta cuando solucionamos todo sin necesidad de discutir. Sólo quiero recostarme en tu pecho y mirarte. Besarte. Abrazarte. Después de todo, desde que estamos acá nunca tenemos tiempo para nosotros,  ¿no te parece, Lu?
    ¿Sabés qué quiero? Quiero que volvamos a disfrutar de estar juntos como antes, besarte, abrazarte, mirarte, sentir tu piel, respirar los dos al unísono, detener el tiempo con solo mirarte. Besame el cuello, abrazame, no me sueltes, mordeme. Más fuerte. Abrazame, no me sueltes. Segui. Más abajo. ¡Me haces cosquillas, amor!
    ¿A dónde vas, amor? ¿No vas a dejar todo así, no? ¿Qué estás buscando? ¿Y eso? ¿Las esposas? Me vas a dejar inmóvil, amor. Siempre supe que te gustaba tener el control de cada situación, pero no sé si es el momento.
    Amor, están demasiado ajustadas. ¿Por qué no las aflojas un poco? No me puedo mover siquiera. Amor, de verdad, no es gracioso, me duele. Lu, pará, me estás lastimando. Me estás mordiendo muy fuerte, pará. Ya dejó de ser lindo, en serio. Luciano, ¡soltame! ¿Me estás escuchando? Soltame, de verdad, pará, dejá de mirarme así y soltame. Dejá de besarme y soltame. Luciano. Basta. Ya te dije que no me gusta esto a tal extremo. Dejá de susurrarme al oído que me querés y soltame, dale, si querés que juguemos, jugamos los dos.
    Amor, ¿Qué vas a buscar ahora?
    Soltame
    Basta, no es gracioso.
    ¿Acaso no te gusta esto? Siempre dijiste que te gustaba que tuviera el control. Ahora lo tengo y no querés hacer nada. Quedate tranquila, si en el fondo te gusta, no hubieras empezado nada sino.
Silencio, amor, silencio, ahora controlo todo yo, vos quedate quieta, disfruta.
    ¿No te gusta que te bese todo el cuerpo, acaso?  Te encanta, mirá cómo te cambió la respiración, te encanta, admitilo.
   Cerrá los ojos, dale, cerralos, así te concentrás más.
   Cerralos, no los abras, mejor busco algo para vendarte.
   No preguntes qué voy a hacer con esto, quedate quieta, sabés que te gusta, dejá de negarlo.
¿Por qué llorás? ¿No te gusta?
   No te das una idea de lo mucho que me gusta, cómo te moves, cómo se entrecorta tu voz, cómo a medida que lo hago, temblás. Estás temblando, llorando, casi gritando, no sabés lo linda que estás ahora. Cómo brota la sangre de tu cuerpo, jamás pensé que sería así, el color, el sabor, la intensidad de tu movimiento, ver tu cuerpo bañado en sangre, ver esa sangre mezclada con tus lágrimas, ver todo teñido por vos, sentir tu calor poco a poco irse, ver como poco a poco perdés tus fuerzas, como después de tanto forcejeo te quedás quieta, cómo te quedás tranquila, no era muy difícil de lograr, ya no tenés que pedir permisos, ya estas cuatro paredes no te van a retener, mirá, mirá lo que lograste, sacaste lo peor de mí, yo saqué lo mejor de  vos, lástima que no se pueda repetir. Hoy, no va a salir el sol.#

Trabajo Práctico Final de Metodología. Estilo Libre.2011#

viernes, 13 de mayo de 2011

Mi Amigo el Puma#

Estas reuniones familiares son las más aburridas, es siempre la misma historia, relátate un partidito, contate tal o cual jugada, ¡como si hubiese sido un periodista deportivo! No tengo la más mínima idea de lo que es ser un periodista, pero conozco bien los gajes del oficio futbolístico, cada recoveco, cada cosa nueva, las conozco de pe a pa. Sí, de pe a pa, así como conocía los romances del arquero de Atlanta con esa modelo que aparecía siempre en la tv, y lo supe de antes, ¡mucho antes! Que atorrante que era; la piba una pinturita, modelo, estudiaba medicina, y este un gordito simpaticón, dejó de correr a lo largo de una cancha, para correr a lo ancho de su panza. Terrible, un cuarentón, tirando a cincuentón, estaba en la mitad de la cancha, ahí nomás y se quiere mandar un gol, ambicioso era, se quiso hacer el pendejo, escuchando la musiquita de ahora, ese punchi punchi cuando enchapado a la antigua estaba cantando “Rosa Rosa” en voz baja. Las veces que fui con el puma a la disquería -  que loco esto del puma, como le pasaron los años -  a comprar esos discos añejos como un whisky, añejo como uno, como aquel vinilo que después de casi veinte años se nos ocurrió comprar, “Alma y fuego”, alma que dejamos en la cancha, fuego… que todavía nos queda. Lo gracioso y tedioso de buscar un disco de hace veinte años, o más, y luego de que el cantante muera, es que todas estas señoras eufóricas no lo dejan a uno agarrar un disco y verlo con tranquilidad, se piensan que tiene quince y se olvidaron de contar el tiempo extra.  Esto es algo que mi esposa nunca entendió, no sé por qué cada vez que le decía que tenía que ir a comprar algún disco me daba un sermón de aquellos e insistía en que duerma afuera, ¡una loca! No tanto como aquellas viejas, pero no estaba tan lejos. Mis hijos, otro tanto, ellos ponían y ponen su música a todo lo que da, ese reggaetón - o como se diga- y cuando pongo estos clásicos, me tiran la casa por la ventana, ¡mocosos insolentes! Más respeto a un casi cincuentón y más que estos venían cada dos semanas, soportarlos dos semanas era un poco cansador, con la música, una chica nueva todos los findes, las previas en el living con ese punchi punchi reggaetón constante y mis botellas de White Horse por la mitad. Ebrios. La colección que me costó un triunfo y varios partidos,  estos vienen y se la toman, la bodeguita que me arme, la disfrutan ellos. Ni un pasatiempo me dejaron estos. Ocho días y se van para lo de su madre, en ocho días voy a poner tranquilo mis hits y nadie me va a pedir que baje el volumen. NADIE.  Puedo pasearme por la casa en bata, pantuflas y con mi vaso de vino en la mano y nadie me puede decir que baje la música. Este cabernet sauvignon es mi favorito, un color rojizo, de cuerpo, con unos tintes de ciruelas, y como yo, con envejecimiento, obtiene notable fineza, como anillo al dedo me viene este tintillo y ni hablar para estas reuniones, las anima más que mis historias y lo incentiva a mi hermano a decirme “Norberto, volvé a la b… a la b de boludo”, pero bueno, “tomate un tinto y olvidate”, a este pibe le falta vida, siendo 4 años menor, es un bebe de pecho, pero hay que admitir que el asadito le salió bastante bien, diría que ese es el motivo principal por el cual lo dejo meter mano en la parrilla, sino… sino me quedaba sin asador para este cumpleaños, que viejo y mañoso se pone uno y más si es el anfitrión de una fiesta como esta, como la de este grande, este ídolo.

miércoles, 11 de mayo de 2011

Another Month Together#

There is no combination of words I could put on the back of a postcard
No song that I could sing, but I can try for your heart
Our dreams, and they are made out of real things
Like a, shoebox of photographs
With sepiatone loving
Love is the answer,
At least for most of the questions in my heart
Like why are we here? And where do we go?
And how come it's so hard?
It's not always easy and
Sometimes life can be deceiving
I'll tell you one thing, it's always better when we're together


























Mmm, it's always better when we're together
Yeah, we'll look at the stars when we're together
Well, it's always better when we're together
Yeah, it's always better when we're together





And all of these moments
Just might find their way into my dreams tonight
But I know that they'll be gone
When the morning light sings
And brings new things
For tomorrow night you see
That they'll be gone too
Too many things I have to do
But if all of these dreams might find their way
Into my day to day scene
I'd be under the impression
I was somewhere in between
With only two
Just me and you
Not so many things we got to do
Or places we got to be
We'll sit beneath the mango tree now

It's always better when we're together
Mmm, we're somewhere in between together
Well, it's always better when we're together
Yeah, it's always better when we're together





I believe in memories
They look so, so pretty when I sleep
Hey now, and when I wake up,
You look so pretty sleeping next to me
But there is not enough time,
And there is no, no song I could sing
And there is no, combination of words I could say
But I will still tell you one thing




We're better together#

viernes, 6 de mayo de 2011

Ray of Red Lightning#

Era Diciembre, hacía mucho calor, había mucho movimiento esa tarde en el hospital, el árbol de navidad en la entrada era el llamado para los festejos y reuniones familiares, pero eso no aparecía en la vida de Luciano.
            Desde que sé, siempre estuve acá, nunca salí, nunca fui al jardín ni al cole. Esta es mi casa, la más grande de la cuadra, y la que recibe muchas visitas por día. Tengo muchos amigos, siempre nos sentamos con nuestros autos y hacemos carreras, ¡Pablo siempre gana! Su auto de carreras es el más nuevo, y cada semana cuando jugamos, tiene uno distinto. Mi auto era rojo, el Rayo Rojo, el mejor de todos – el auto de Luciano padecía la marca del tiempo, la pintura un poco descascarada, las rueditas hacían ruido, pero él se conformaba con poco –  Hace años el rayo rojo era el auto más nuevo. Es mi único auto. Tal vez esta semana, me traen uno nuevo.
            Muchos de los chicos están por unas semanas, se curan y se van; yo… no sé hasta cuando voy a estar en mi casa. El doctor me dijo que me iba a quedar un tiempo más, yo me siento bien, como toda la comida y tengo todas mis cosas ordenadas, no sé por qué no me deja ir. No sé por qué nadie me viene a buscar ni visitar, no me porté mal ni nada, hasta ayudo a la enfermera a hacer la cama – Luciano no sabía que tiene Leucemia, y que, a pesar del tratamiento, sus posibilidades se reducen día a día –
Las horas iban pasando, la noche se hacía presente, y el personal del hospital se iba preparando para pasar la navidad con sus familias. Los pacientes recibían las últimas visitas de sus seres queridos, algunos incluso brindaban para que a ese familiar hospitalizado se mejorara pronto, para pasar año nuevo en casa. Luciano, Luchi como le decían las enfermeras, seguía esperando visitas.
            Mis amigos estaban durmiendo, la habitación era grande, oscura y se escuchaban muchos ruidos, se escuchaban pasos y explosiones. Tenía miedo, y sólo mi héroe me protegía, mi rayo rojo, podía con cualquier cosa, incluso con los duendes que pasean por los pasillos de mi casa.
            Esta noche voy a enfrentar a los duendes. Tengo todo lo que necesito para vencerlos, mi capa, mi sable y mi héroe.
            Mientras mis amigos dormían, yo estaba listo para la batalla. Cuando se escucharon más explosiones, un duende gigante con una bolsa aprovechó para entrar a la habitación y mirar de cerca a mis amigos, “Cuando se me acerque, lo atrapo.” ¡Conté hasta tres, y nada! ¿Dónde está? Se fue y no lo vi. Esto no va a quedar así.
Luchi se levanto sin hacer ruido alguno, se puso sus pantuflitas de tigre y camino sigilosamente, abrió la puerta y ahí lo vio.
            ¡Ahí está! No se me va a escapar, lo tengo justo donde lo quiero. “Con mis movimientos de ninja, nunca va a darse cuenta del ataque.” Con cada paso que hago, lo tengo más cerca y más cerca de ganar esta pelea.
Se hicieron las doce, medianoche, y con ella, Navidad, un momento esperado por muchos pacientes del hospital.
            ¡El duende dejó de caminar!
El doctor Fernando se dio vuelta, sabía que Luchi lo estaba siguiendo.
            ¡Mi enemigo se está dando vuelta! La luz del pasillo revela mi identidad y quedo vulnerable ante su poder.
-Luchi, ¿qué estás haciendo con la sábana? Vamos que te llevo a la habitación.
            ¡Pude domar al duende!
-Lu, no tenés que andar caminando por el hospital a estas horas, aparte, es Navidad, tenés que descansar.
            Escuché ruidos y estaba aburrido, no lo vuelvo a hacer.
-No es para que te pongas mal, aparte te dejé algo que te va a gustar mucho, si querés podemos ir a verlo ahora.
            ¡Sí!
Ambos caminaron por el pasillo, llegaron a la entrada y vieron al imponente árbol, irradiando felicidad y alegría.
-Acá esta Luchi.
            ¿Qué es?
-El héroe que te va a defender siempre y para siempre.
El mejor regalo que pudo recibir Luciano, lo que él siempre espero, estaba ahí. La familia que él siempre deseo, finalmente había llegado. Para Luciano, Fernando, era su Rayo Rojo, su Papá Noel.

viernes, 29 de abril de 2011

The Walking Dead#

No mires más a tu alrededor, dejá de mirar cómo todo se deteriora, no te pasees más con tu bata celeste y pintitas blancas. Nadie te puede ver. No hay nadie más que vos y el sigiloso ruido de tus pasos. Por más que mires en esa habitación, sólo vas a ver máquinas y una cama revuelta, nada más; estás sola, entendelo.
                Secate las lágrimas que no es momento de llorar, ¿justo ahora vas a bajar los brazos? No tiene sentido, seguí caminando, por más que el lugar este muerto, seguí, busca algo de luz, un fósforo, una linterna, ¡algo! Cuidado con los vidrios, las pocas lámparas que solían guiarte ahora están guiando tu dolor. Seguí tranquila, camina despacio y con cuidado. Procura no gritar ni salir corriendo, evita todas esas cosas estúpidas que seguro se te cruzaron. Si te perdés, no vas a saber volver.
                ¿Qué hacés con la intravenosa? ¿Te la vas a sacar?  ¿Sabés que no es una buena idea, no? Vas a dejar un camino carmín en el piso deteriorado por el vacío y no sabes quién puede estar por acá. Dejatela. Está bien, te resulta molesto, atenete a las consecuencias. Ahora tenés menos tiempo, ¿lo sabés, no? Ah, ¿no sabías? Dejate de vueltas. Sí, mil vueltas estás dando, ya pasaste por este lugar dos veces, ¿no ves tu sangre en el piso? Es tu sangre, no es de nadie más, ¿de quién más puede ser, si estás sola?
                Volvé a tu habitación, sí, volvé, por lo menos ahí estabas “más segura”. ¿Te acordás el camino? Sí, por ahí. Apurate un poco y busca algo de algodón o algo, si seguís así no vas a poder contar el cuento. Recostate unos segundos mientras detenes el curso de tu ser. ¿Qué pensás hacer? No tenés opciones, decidite ahora. Los minutos están pasando y vos estás llorando, ¡llorando! Dejate de boludeces, ponete seria y pensa qué vas a hacer ahora.
                Hasta que te decidiste, ahora tenés que pensar cómo vas a hacerlo. Andá a la otra habitación o al quirófano, seguro vas a encontrar todo ahí. Busca alcohol. Sí, alcohol, ¿Querés una infección también? Le daría un poco de sabor, pero no, busca las cosas que necesitas y volvé rápido. Ya tenés todo. ¿Estás segura, no? Bueno, tomate unos segundos para pensar. Listo. No hay mucho para pensar, sino no hubieras buscado todo.
                En el mueblecito de la esquina hay una carta, agarrala, leela. Secate las lágrimas. Ahora por lo menos reís, de a poco vas cambiando. Guardatela, si alguien te busca, te va a encontrar con eso, con un poco de color. Abrí el alcohol. Agarrá el algodón.  Sentí ahora la brisa fresca. Limpiate la cara, estás transpirando. Es normal que estés nerviosa, no es algo que harías todos los días. No tiembles más. No hay vuelta atrás, y si la hay, nadie está a tu lado para acompañarte o defenderte, no te hagas ilusiones que al juego ya lo perdiste. Recostate. Acomodate el pelo asi estas más cómoda. Mira a tu alrededor, la pintura se cae, es todo gris, no hay color, solo aquel rastro que dejaste mientras recorrías el abandonado hospital. No hay nada más.
                Contá hasta diez. Contá tranquila. Despacio. No te apures. Nadie te apura. Nadie te ve. Nadie te sigue. Nadie te atormenta. Nadie. Mira todo otra vez. No hay sombras. No hay luces. Estás vos, tu mente, tus miedos, tus recuerdos, tus fuerzas, tus lágrimas que ahora caen. Sonreí. Recordá tu pasado y sonreí. Mirá lo que te espera. Sonreí.
                Es hora. Ya dijiste diez. Agarralo con confianza. Llorá. Gritá. No te muevas. Sacate todo lo que te molestó alguna vez, ahora es el momento. Dale vida a ese lugar. Teñilo de mil colores. No te muevas mucho. Sentate si querés. Dejá que tu vida fluya. Dejá que tus problemas salgan. Llora. Diluí al carmín con tus lágrimas. Sentí otra brisa más fuerte, dejá el bisturí a tu lado, píntate de vida y corré hacia aquel lugar que no conoces. Despedite. Tené cuidado al caer.#
                 

viernes, 15 de abril de 2011

Gorrión#

Sentada en la ventana, Briana miraba las aves pasar,le preguntó a su madre por qué los pájaros volaban.

Ailén le respondió que volando libremente ellos son felices.
Al día siguiente, Briana juntó cientos de plumas y cada día que pasaba, juntaba más y más,
mientras más coloridas, mejor.
Ella está preparada#.

viernes, 8 de abril de 2011

The Killing Lights#

Los primeros rayos del sol se hacían presentes en la habitación de esta pareja, casada hace unos cuantos años ya.
 Ezequiel se levantó con un movimiento torpe para correr las cortinas en su totalidad; mientras tanto, Abril se desperezaba y miraba las noticias para mantenerse al tanto.
-“¡Qué lindo día que me tocó!” acotaba Ezequiel con una leve mueca.
Al oír eso, Abril se despertó de un salto, agarró su celular y lo miro a Ezequiel. Ambos se miraron y no dijeron nada.
Ella bajó a la cocina, preparó el desayuno, un tanto veloz preparó el café y las tostadas, dejó toda la cocina revuelta y fue a vestirse.
Él mientras tanto, guardaba en un pequeño bolso algunas prendas que creía necesarias, una remera, un jean, un pañuelo y un libro por las dudas. Fue corriendo hacia el baño a afeitarse.
Abril ahora buscaba unos papeles.
Ezequiel agarró el celular nuevamente, sus ojos parecían caer, no parpadeaba, se quedó inmóvil. Abril pega un grito, él reacciona y ambos salen de la casa.
Arrancó el auto, Abril subió e iniciaron su viaje.
-¿Estás nervioso, no?
-Un poco, no sé qué es lo que puede llegar a pasar.
-Quedate tranquilo, estás en buenas manos.
Estaban llegando tarde y la autopista era un caos.
-Menos mal que tomé las pastillas antes de salir.
Ella lo miró y no respondió más.
Llegaron a su destino, bajaron, Ezequiel se fue a cambiar y poner una bata celeste, Abril esperaba en el pasillo.
-Te veo cuando salga.
-No estés nervioso que todo va a salir bien.
-No sé, no estoy muy seguro, siento un malestar leve.
-Cuando salgas, no vas a sentir nada.
Abril se va. Ezequiel también.
Él se recostó en la mesa de operaciones, miró las luces que lo apuntaban, cerró los ojos y esperó.
Unas personas con guantes comenzaron el procedimiento.
Golpearon levemente su brazo, buscaron sus venas y le aplicaron la anestesia. Le colocaron una intravenosa y lo conectaron a un respirador. Sus signos vitales eran normales, pero mientras la anestesia surgía efecto, el monitor decía lo contrario.
El equipo que lo rodeaba guardo silencio cuando la hoja del bisturí rozó su pecho y poco a poco dividía su ser. El bisturí se tiñó de rojo, los guantes blancos y la camilla también cambiaron su color.
Uno de los cirujanos miró a su colega, su cara poco a poco se desfiguró, su expresión cambió por completo.
La instrumentadora seguía las órdenes, miraba desconcertada y sus movimientos eran dudosos.
El respirador seguía funcionando, la sangre seguía fluyendo, la anestesia seguía bloqueando la posible reacción del paciente ante el dolor.
Piezas metálicas se colocaban cerca de su corazón, y al sonido de “despejen” se escuchaba una respuesta en la mesa.
En ese momento se escuchó la caída de varios tubos de ensayo y con ellos un grito.
Abril esperaba.
La piel de Ezequiel cambiaba de color a medida que los segundos pasaban.
El equipo médico trabajaba con más velocidad.
Comenzaron a suturar.
Puntada a puntada, la sangre dejaba de marcar un camino por el cuerpo de Ezequiel; puntada a puntada, la anestesia perdía efecto.
Sus músculos se veían más tensos a medida que el procedimiento terminaba.
Una gota de sudor recorría el rostro del cirujano.
Dejaron los instrumentos que utilizaron y todos se miraron.
Las luces seguían señalando a Ezequiel, quien yacía en la camilla metálica.
Un ruido que provenía del monitor alarmó a los médicos, todos se movilizaron.
Ezequiel abrió los ojos, las luces lo cegaron, lo apuntaron, lo acosaron en ese instante de confusión.
Abril gritó.
Todo se nubló.
Abril se fue. Ezequiel la acompañó.
Unas gotas caían del rostro de unas personas mayores, una mujer en el piso se tapaba la cara,  un grito de desconsuelo rompió con la paz del momento.
Esa mañana en las noticias, un accidente en la autopista terminaba con la vida de una joven pareja.#

miércoles, 6 de abril de 2011

Der Frühling Blutet in Meinen Balkon#

No era un atardecer como cualquier otro, tampoco era usual encontrarme a las 18.30 sentada en el balcón mirando con desprecio a la gente que pasaba. Tampoco había sido un día lleno de alegrías y buenas noticias, al menos el balcón me ofrecía una peculiar vista de lo que pasaba a mi alrededor.
Me resultaba bastante perturbador el clima que se percibía, se escuchaban gritos, ruido de vasos que colapsaban en las paredes, una lluvia de cristales. Estaba un poco harta de lo que pasaba, me sentía sofocada por el calor, no se podía respirar, el ambiente estaba pesado, no se podía aguantar, era vivir un encierro, era un infierno, las penumbras de un día de invierno, colapsaba la armonía a mi alrededor. Siempre odie las altas temperaturas.
Los ruidos seguían, los minutos pasaban y me sentía impaciente. Esperaba algo con ansias. Puse un poco de música, tal vez no era el mejor momento para escucharla, pero al menos era una forma de calmarme, me sentía un poco insignificante, sentía un poco de odio hacia todos, me repugnaban sus miradas de curiosos, las risas burlonas me aturdían, sólo subí la música, no quería escuchar a nada ni nadie, sólo eran mis pensamientos y yo.
Una melodía macabra anticipaba la llegada de una llamada, por suerte cuando miré para saber dónde estaba el celular, la música dejó de atormentar mi tranquilidad. No era alguien de importancia, es más, siempre me había incomodado esa persona, no entiendo porque le hablaba, mucho menos como pudimos llegar a ser amigos, ¿Cómo pude usar esa insignificante palabra en alguien tan despreciable?
Mi cámara era mi único acompañante, era mi mano derecha a la hora de llevar un registro de todo lo que pasaba, era un aliado que nunca iba a traicionarme, mucho menos clavarme un puñal, era alguien de fiar.
 El atardecer se hacía presente y su color carmín se apoderaba de mi vista, era imposible dejar de verlo, “es un lindo día”, pensé con ironía. Las 18.45 no me iban a cambiar en nada, sólo me perturbaban más y más los ruidos. 
A medida que los segundos transcurrían, las risas falsas de quienes habían estado a mi lado por varios años se hacían presentes, esas risas que sólo buscaban el bien propio, a fin de cuentas, todos usamos esas risas para escalar como víboras y mirar a los pobres estúpidos que se pasan toda su vida creyendo que son amigos de todos, querer absorber cual parásito la vitalidad de otra persona para sentirse excesivamente poderoso, para sentirse más que alguien, cada vez más primitivos y básicos somos.
Hoy me había cansado de todos, incluso de esas personas que jamás en la vida me iba a cruzar, pero que por alguna extraña razón estaban en mis redes sociales, “¿Para qué?”. Cuánto tiempo perdido. “Que ingenua que resulte ser”, habiendo odiado ese tipo de personalidad, tuve que admitir que fui débil.
Falta poco para las 19, los últimos rayos de luz se escabullen entre los árboles, el color rojo aumenta su intensidad mientras que un manto negro se despliega mientras cae la noche.
Eran las 18. 30, el sol se ocultaba, pequeñas gotas de luz pasaban a través de los arboles, no era un día cualquiera, estaba un poco fresco, y buscaba desesperadamente esconderme de una brisa helada que atravesaba el balcón.
Los minutos pasaban lentamente esta vez, y yo ahí sentada, mirando la gente pasar, caras nuevas y viejas caras conocidas. El poco sol que había a esa hora entibiaba el balcón, para mis gerberas, rojas como el atardecer, era lo mejor que podía pasar, amaban ese clima tanto como yo.
Puse música para no sentirme tan sola, después de pelarme con un amigo, lo único que necesitaba era descontracturar el día. Para mi sorpresa una melodía que no iba al compás de la música, sonaba. Tristemente dejó de hacerse notar cuando recordé donde estaba el celular. Tal vez era algo importante, pero preferí dejarlo pasar y mirar el atardecer, después de todo, quería sacar algunas fotos.
Hoy es un lindo día, las 18.45 me trajeron lindos mensajes, a medida que subía fotos del atardecer, palabras de amor llegaban a mis redes sociales. Esas palabras que uno necesita en un momento determinado y que sin pensarlo alguien me las dedicaba. Él me escribía las palabras que siempre quise escuchar, y que, ese día en particular, necesitaba.
Mientras más fotos sacaba, más comentarios al respecto recibía. Era un sinfín de palabras que poco a poco aturdían ese atardecer carmesí. Cientos de palabras leí en ese momento, pero sólo me quedé con las mejores, “Me duele tenerte lejos, y cuando por fin te tengo cerca, en mis brazos, sólo quiero que el momento dure para siempre, no quiero otra cosa. Lo único que me importa es que seas tan feliz como lo soy yo a tu lado, sacrificaría toda mi felicidad para que estés bien. Te amo demasiado”
Las palabras que él me dedico, se hicieron sentir, como una primavera en el balcón. Poco a poco las 19 se hacían notar, sólo un haz de luz se encontraba frente a mis ojos, era un mano a mano con esa pequeñez que imponiendo su presencia me debilitaba cada vez más.
Los ruidos se hicieron presentes, cegaban cada vez más aquella tranquilidad que poco a poco fui dejando atrás. Faltaban pocos minutos ya.
Un aire viciado sacudía a mis plantas, una presencia intoxicante que acababa con aquel equilibrio que alguna vez hubo en mi ser. En ese momento supe que nunca estuvo bien, algo pasaba y la situación no tenía solución, no había marcha atrás, los segundos seguían corriendo, un flash parpadeaba mientras perdía aquella noción de poder que alguna vez hubo en ese balcón.
Una melodía acompaño ese instante en el que no tuve el control de lo que pasaba, una voz rasposa, áspera, grave, profunda, en un idioma que ni se asemeja al mío, y que por alguna extraña razón, estaba involucrado en algo siniestro.

Los pensamientos se descarrilaron cuando el reloj anunció las 19. Fue una batalla perdida. Nadie salió ganando. Nunca había entendido ese desacuerdo, jamás me puse a pensar en las consecuencias, no hice más que subir las últimas fotos del atardecer, dejé la cámara a un lado, encendida aún, el último destello de luz hizo bien su trabajo.
Una brisa invernal poco a poco se apoderaba de todo lo que alguna vez me gustó, de todo lo que odié, de lo que siempre amé. Al fin la primavera se despedía, por primera vez me sentí a gusto. Aquel ruido que perturbó mis días se detuvo, el sueño que siempre anhelé se estaba por cumplir. Lentamente el frío recorrió mi cuerpo y cuando el balcón se tiñe de atardecer dejando un sabor amargo y un rastro de desolación inconfundible ese rayo de luz cae a mi lado, impregnado de vida y con él, los segundos se detienen al compás de aquella melodía y la última foto, Der Frühling blutet in meinen balkon. La primavera se desangró en mi balcón#.


miércoles, 23 de marzo de 2011

Emotional Decay#

El tiempo se acaba
No hay vuelta atrás
No hay retorno
Ya no más

Encierro sentimientos
Amor cautivo
El dolor oprime mi pecho
No tengo salida

Sólo es cuestión de minutos
"Quedate tranquila,
Juro que no duele";
Silencio.

Los segundos pasan
Sentimientos cautivos
Algo surge efecto
Tranquilidad en sangre

Colapso general
"No había remedio,
su corazón no lo soportó"
Sobredosis de dolor#

domingo, 20 de marzo de 2011

Awake and Dreaming#

Se disipa el dolor
La luna se esconde
Aparece tu resplandor
Deseo

Oír palabras
Sentir el día
No hay marcha atrás
Mirar

La música acompaña mis horas
El sol se mueve
Mis ojos lo siguen
Mas allá

Se desvanece la luz
Tus ojos me siguen
Escucho tu voz
Siento

Rozas mi piel
No se a donde ir
La luna se asoma
Volver a esperar#

jueves, 24 de febrero de 2011

Bipolar Days#

Días Nublados
Sol
Brisa tenue
Viento arrazador

Ganas de Cantar
Gritar
Reir
Llorar

Quiero seguir
No soporto nada más
Necesito una mirada
Ya no puedo ver

El miedo recorre mis venas
¿Siento algo?
Sacas lo mejor de mi
Dudas

Te siento
Oprime mi ser
Te extraño
El tiempo pasa

Insignificante
Eso soy
Realista
Muy tarde
Peleas en mi
Jamás ganarás
Luchar
Ya es tarde

Pasado
Muy tarde
Futuro
Sigue siendo tarde
Presente
No podés

Dia soleado
Lagrimas
Brisa
Gritos

Todo lo que recorre mi ser
Confusos mensajes deja
No entiendo
Jamás lo harás
¿Imposible?
Siempre lo creí
¿Que pensas?
No se puede explicar
Las minimas gotas de coherencia despiden su luz
Segui.
¿Por qué?
Ya sabrás la razón.