Estas reuniones familiares son las más aburridas, es siempre la misma historia, relátate un partidito, contate tal o cual jugada, ¡como si hubiese sido un periodista deportivo! No tengo la más mínima idea de lo que es ser un periodista, pero conozco bien los gajes del oficio futbolístico, cada recoveco, cada cosa nueva, las conozco de pe a pa. Sí, de pe a pa, así como conocía los romances del arquero de Atlanta con esa modelo que aparecía siempre en la tv, y lo supe de antes, ¡mucho antes! Que atorrante que era; la piba una pinturita, modelo, estudiaba medicina, y este un gordito simpaticón, dejó de correr a lo largo de una cancha, para correr a lo ancho de su panza. Terrible, un cuarentón, tirando a cincuentón, estaba en la mitad de la cancha, ahí nomás y se quiere mandar un gol, ambicioso era, se quiso hacer el pendejo, escuchando la musiquita de ahora, ese punchi punchi cuando enchapado a la antigua estaba cantando “Rosa Rosa” en voz baja. Las veces que fui con el puma a la disquería -
que loco esto del puma, como le pasaron los años -
a comprar esos discos añejos como un whisky, añejo como uno, como aquel vinilo que después de casi veinte años se nos ocurrió comprar, “Alma y fuego”, alma que dejamos en la cancha, fuego… que todavía nos queda. Lo gracioso y tedioso de buscar un disco de hace veinte años, o más, y luego de que el cantante muera, es que todas estas señoras eufóricas no lo dejan a uno agarrar un disco y verlo con tranquilidad, se piensan que tiene quince y se olvidaron de contar el tiempo extra.
Esto es algo que mi esposa nunca entendió, no sé por qué cada vez que le decía que tenía que ir a comprar algún disco me daba un sermón de aquellos e insistía en que duerma afuera, ¡una loca! No tanto como aquellas viejas, pero no estaba tan lejos. Mis hijos, otro tanto, ellos ponían y ponen su música a todo lo que da, ese reggaetón - o como se diga- y cuando pongo estos clásicos, me tiran la casa por la ventana, ¡mocosos insolentes! Más respeto a un casi cincuentón y más que estos venían cada dos semanas, soportarlos dos semanas era un poco cansador, con la música, una chica nueva todos los findes, las previas en el living con ese punchi punchi reggaetón constante y mis botellas de White Horse por la mitad. Ebrios. La colección que me costó un triunfo y varios partidos,
estos vienen y se la toman, la bodeguita que me arme, la disfrutan ellos. Ni un pasatiempo me dejaron estos. Ocho días y se van para lo de su madre, en ocho días voy a poner tranquilo mis hits y nadie me va a pedir que baje el volumen. NADIE.
Puedo pasearme por la casa en bata, pantuflas y con mi vaso de vino en la mano y nadie me puede decir que baje la música. Este cabernet sauvignon es mi favorito, un color rojizo, de cuerpo, con unos tintes de ciruelas, y como yo, con envejecimiento, obtiene notable fineza, como anillo al dedo me viene este tintillo y ni hablar para estas reuniones, las anima más que mis historias y lo incentiva a mi hermano a decirme “Norberto, volvé a la b… a la b de boludo”, pero bueno, “tomate un tinto y olvidate”, a este pibe le falta vida, siendo 4 años menor, es un bebe de pecho, pero hay que admitir que el asadito le salió bastante bien, diría que ese es el motivo principal por el cual lo dejo meter mano en la parrilla, sino… sino me quedaba sin asador para este cumpleaños, que viejo y mañoso se pone uno y más si es el anfitrión de una fiesta como esta, como la de este grande, este ídolo.
No hay comentarios:
Publicar un comentario