No mires más a tu alrededor, dejá de mirar cómo todo se deteriora, no te pasees más con tu bata celeste y pintitas blancas. Nadie te puede ver. No hay nadie más que vos y el sigiloso ruido de tus pasos. Por más que mires en esa habitación, sólo vas a ver máquinas y una cama revuelta, nada más; estás sola, entendelo.
Secate las lágrimas que no es momento de llorar, ¿justo ahora vas a bajar los brazos? No tiene sentido, seguí caminando, por más que el lugar este muerto, seguí, busca algo de luz, un fósforo, una linterna, ¡algo! Cuidado con los vidrios, las pocas lámparas que solían guiarte ahora están guiando tu dolor. Seguí tranquila, camina despacio y con cuidado. Procura no gritar ni salir corriendo, evita todas esas cosas estúpidas que seguro se te cruzaron. Si te perdés, no vas a saber volver.
¿Qué hacés con la intravenosa? ¿Te la vas a sacar? ¿Sabés que no es una buena idea, no? Vas a dejar un camino carmín en el piso deteriorado por el vacío y no sabes quién puede estar por acá. Dejatela. Está bien, te resulta molesto, atenete a las consecuencias. Ahora tenés menos tiempo, ¿lo sabés, no? Ah, ¿no sabías? Dejate de vueltas. Sí, mil vueltas estás dando, ya pasaste por este lugar dos veces, ¿no ves tu sangre en el piso? Es tu sangre, no es de nadie más, ¿de quién más puede ser, si estás sola?
Volvé a tu habitación, sí, volvé, por lo menos ahí estabas “más segura”. ¿Te acordás el camino? Sí, por ahí. Apurate un poco y busca algo de algodón o algo, si seguís así no vas a poder contar el cuento. Recostate unos segundos mientras detenes el curso de tu ser. ¿Qué pensás hacer? No tenés opciones, decidite ahora. Los minutos están pasando y vos estás llorando, ¡llorando! Dejate de boludeces, ponete seria y pensa qué vas a hacer ahora.
Hasta que te decidiste, ahora tenés que pensar cómo vas a hacerlo. Andá a la otra habitación o al quirófano, seguro vas a encontrar todo ahí. Busca alcohol. Sí, alcohol, ¿Querés una infección también? Le daría un poco de sabor, pero no, busca las cosas que necesitas y volvé rápido. Ya tenés todo. ¿Estás segura, no? Bueno, tomate unos segundos para pensar. Listo. No hay mucho para pensar, sino no hubieras buscado todo.
En el mueblecito de la esquina hay una carta, agarrala, leela. Secate las lágrimas. Ahora por lo menos reís, de a poco vas cambiando. Guardatela, si alguien te busca, te va a encontrar con eso, con un poco de color. Abrí el alcohol. Agarrá el algodón. Sentí ahora la brisa fresca. Limpiate la cara, estás transpirando. Es normal que estés nerviosa, no es algo que harías todos los días. No tiembles más. No hay vuelta atrás, y si la hay, nadie está a tu lado para acompañarte o defenderte, no te hagas ilusiones que al juego ya lo perdiste. Recostate. Acomodate el pelo asi estas más cómoda. Mira a tu alrededor, la pintura se cae, es todo gris, no hay color, solo aquel rastro que dejaste mientras recorrías el abandonado hospital. No hay nada más.
Contá hasta diez. Contá tranquila. Despacio. No te apures. Nadie te apura. Nadie te ve. Nadie te sigue. Nadie te atormenta. Nadie. Mira todo otra vez. No hay sombras. No hay luces. Estás vos, tu mente, tus miedos, tus recuerdos, tus fuerzas, tus lágrimas que ahora caen. Sonreí. Recordá tu pasado y sonreí. Mirá lo que te espera. Sonreí.
Es hora. Ya dijiste diez. Agarralo con confianza. Llorá. Gritá. No te muevas. Sacate todo lo que te molestó alguna vez, ahora es el momento. Dale vida a ese lugar. Teñilo de mil colores. No te muevas mucho. Sentate si querés. Dejá que tu vida fluya. Dejá que tus problemas salgan. Llora. Diluí al carmín con tus lágrimas. Sentí otra brisa más fuerte, dejá el bisturí a tu lado, píntate de vida y corré hacia aquel lugar que no conoces. Despedite. Tené cuidado al caer.#

No hay comentarios:
Publicar un comentario