viernes, 13 de mayo de 2011

Mi Amigo el Puma#

Estas reuniones familiares son las más aburridas, es siempre la misma historia, relátate un partidito, contate tal o cual jugada, ¡como si hubiese sido un periodista deportivo! No tengo la más mínima idea de lo que es ser un periodista, pero conozco bien los gajes del oficio futbolístico, cada recoveco, cada cosa nueva, las conozco de pe a pa. Sí, de pe a pa, así como conocía los romances del arquero de Atlanta con esa modelo que aparecía siempre en la tv, y lo supe de antes, ¡mucho antes! Que atorrante que era; la piba una pinturita, modelo, estudiaba medicina, y este un gordito simpaticón, dejó de correr a lo largo de una cancha, para correr a lo ancho de su panza. Terrible, un cuarentón, tirando a cincuentón, estaba en la mitad de la cancha, ahí nomás y se quiere mandar un gol, ambicioso era, se quiso hacer el pendejo, escuchando la musiquita de ahora, ese punchi punchi cuando enchapado a la antigua estaba cantando “Rosa Rosa” en voz baja. Las veces que fui con el puma a la disquería -  que loco esto del puma, como le pasaron los años -  a comprar esos discos añejos como un whisky, añejo como uno, como aquel vinilo que después de casi veinte años se nos ocurrió comprar, “Alma y fuego”, alma que dejamos en la cancha, fuego… que todavía nos queda. Lo gracioso y tedioso de buscar un disco de hace veinte años, o más, y luego de que el cantante muera, es que todas estas señoras eufóricas no lo dejan a uno agarrar un disco y verlo con tranquilidad, se piensan que tiene quince y se olvidaron de contar el tiempo extra.  Esto es algo que mi esposa nunca entendió, no sé por qué cada vez que le decía que tenía que ir a comprar algún disco me daba un sermón de aquellos e insistía en que duerma afuera, ¡una loca! No tanto como aquellas viejas, pero no estaba tan lejos. Mis hijos, otro tanto, ellos ponían y ponen su música a todo lo que da, ese reggaetón - o como se diga- y cuando pongo estos clásicos, me tiran la casa por la ventana, ¡mocosos insolentes! Más respeto a un casi cincuentón y más que estos venían cada dos semanas, soportarlos dos semanas era un poco cansador, con la música, una chica nueva todos los findes, las previas en el living con ese punchi punchi reggaetón constante y mis botellas de White Horse por la mitad. Ebrios. La colección que me costó un triunfo y varios partidos,  estos vienen y se la toman, la bodeguita que me arme, la disfrutan ellos. Ni un pasatiempo me dejaron estos. Ocho días y se van para lo de su madre, en ocho días voy a poner tranquilo mis hits y nadie me va a pedir que baje el volumen. NADIE.  Puedo pasearme por la casa en bata, pantuflas y con mi vaso de vino en la mano y nadie me puede decir que baje la música. Este cabernet sauvignon es mi favorito, un color rojizo, de cuerpo, con unos tintes de ciruelas, y como yo, con envejecimiento, obtiene notable fineza, como anillo al dedo me viene este tintillo y ni hablar para estas reuniones, las anima más que mis historias y lo incentiva a mi hermano a decirme “Norberto, volvé a la b… a la b de boludo”, pero bueno, “tomate un tinto y olvidate”, a este pibe le falta vida, siendo 4 años menor, es un bebe de pecho, pero hay que admitir que el asadito le salió bastante bien, diría que ese es el motivo principal por el cual lo dejo meter mano en la parrilla, sino… sino me quedaba sin asador para este cumpleaños, que viejo y mañoso se pone uno y más si es el anfitrión de una fiesta como esta, como la de este grande, este ídolo.

miércoles, 11 de mayo de 2011

Another Month Together#

There is no combination of words I could put on the back of a postcard
No song that I could sing, but I can try for your heart
Our dreams, and they are made out of real things
Like a, shoebox of photographs
With sepiatone loving
Love is the answer,
At least for most of the questions in my heart
Like why are we here? And where do we go?
And how come it's so hard?
It's not always easy and
Sometimes life can be deceiving
I'll tell you one thing, it's always better when we're together


























Mmm, it's always better when we're together
Yeah, we'll look at the stars when we're together
Well, it's always better when we're together
Yeah, it's always better when we're together





And all of these moments
Just might find their way into my dreams tonight
But I know that they'll be gone
When the morning light sings
And brings new things
For tomorrow night you see
That they'll be gone too
Too many things I have to do
But if all of these dreams might find their way
Into my day to day scene
I'd be under the impression
I was somewhere in between
With only two
Just me and you
Not so many things we got to do
Or places we got to be
We'll sit beneath the mango tree now

It's always better when we're together
Mmm, we're somewhere in between together
Well, it's always better when we're together
Yeah, it's always better when we're together





I believe in memories
They look so, so pretty when I sleep
Hey now, and when I wake up,
You look so pretty sleeping next to me
But there is not enough time,
And there is no, no song I could sing
And there is no, combination of words I could say
But I will still tell you one thing




We're better together#

viernes, 6 de mayo de 2011

Ray of Red Lightning#

Era Diciembre, hacía mucho calor, había mucho movimiento esa tarde en el hospital, el árbol de navidad en la entrada era el llamado para los festejos y reuniones familiares, pero eso no aparecía en la vida de Luciano.
            Desde que sé, siempre estuve acá, nunca salí, nunca fui al jardín ni al cole. Esta es mi casa, la más grande de la cuadra, y la que recibe muchas visitas por día. Tengo muchos amigos, siempre nos sentamos con nuestros autos y hacemos carreras, ¡Pablo siempre gana! Su auto de carreras es el más nuevo, y cada semana cuando jugamos, tiene uno distinto. Mi auto era rojo, el Rayo Rojo, el mejor de todos – el auto de Luciano padecía la marca del tiempo, la pintura un poco descascarada, las rueditas hacían ruido, pero él se conformaba con poco –  Hace años el rayo rojo era el auto más nuevo. Es mi único auto. Tal vez esta semana, me traen uno nuevo.
            Muchos de los chicos están por unas semanas, se curan y se van; yo… no sé hasta cuando voy a estar en mi casa. El doctor me dijo que me iba a quedar un tiempo más, yo me siento bien, como toda la comida y tengo todas mis cosas ordenadas, no sé por qué no me deja ir. No sé por qué nadie me viene a buscar ni visitar, no me porté mal ni nada, hasta ayudo a la enfermera a hacer la cama – Luciano no sabía que tiene Leucemia, y que, a pesar del tratamiento, sus posibilidades se reducen día a día –
Las horas iban pasando, la noche se hacía presente, y el personal del hospital se iba preparando para pasar la navidad con sus familias. Los pacientes recibían las últimas visitas de sus seres queridos, algunos incluso brindaban para que a ese familiar hospitalizado se mejorara pronto, para pasar año nuevo en casa. Luciano, Luchi como le decían las enfermeras, seguía esperando visitas.
            Mis amigos estaban durmiendo, la habitación era grande, oscura y se escuchaban muchos ruidos, se escuchaban pasos y explosiones. Tenía miedo, y sólo mi héroe me protegía, mi rayo rojo, podía con cualquier cosa, incluso con los duendes que pasean por los pasillos de mi casa.
            Esta noche voy a enfrentar a los duendes. Tengo todo lo que necesito para vencerlos, mi capa, mi sable y mi héroe.
            Mientras mis amigos dormían, yo estaba listo para la batalla. Cuando se escucharon más explosiones, un duende gigante con una bolsa aprovechó para entrar a la habitación y mirar de cerca a mis amigos, “Cuando se me acerque, lo atrapo.” ¡Conté hasta tres, y nada! ¿Dónde está? Se fue y no lo vi. Esto no va a quedar así.
Luchi se levanto sin hacer ruido alguno, se puso sus pantuflitas de tigre y camino sigilosamente, abrió la puerta y ahí lo vio.
            ¡Ahí está! No se me va a escapar, lo tengo justo donde lo quiero. “Con mis movimientos de ninja, nunca va a darse cuenta del ataque.” Con cada paso que hago, lo tengo más cerca y más cerca de ganar esta pelea.
Se hicieron las doce, medianoche, y con ella, Navidad, un momento esperado por muchos pacientes del hospital.
            ¡El duende dejó de caminar!
El doctor Fernando se dio vuelta, sabía que Luchi lo estaba siguiendo.
            ¡Mi enemigo se está dando vuelta! La luz del pasillo revela mi identidad y quedo vulnerable ante su poder.
-Luchi, ¿qué estás haciendo con la sábana? Vamos que te llevo a la habitación.
            ¡Pude domar al duende!
-Lu, no tenés que andar caminando por el hospital a estas horas, aparte, es Navidad, tenés que descansar.
            Escuché ruidos y estaba aburrido, no lo vuelvo a hacer.
-No es para que te pongas mal, aparte te dejé algo que te va a gustar mucho, si querés podemos ir a verlo ahora.
            ¡Sí!
Ambos caminaron por el pasillo, llegaron a la entrada y vieron al imponente árbol, irradiando felicidad y alegría.
-Acá esta Luchi.
            ¿Qué es?
-El héroe que te va a defender siempre y para siempre.
El mejor regalo que pudo recibir Luciano, lo que él siempre espero, estaba ahí. La familia que él siempre deseo, finalmente había llegado. Para Luciano, Fernando, era su Rayo Rojo, su Papá Noel.